¿Realmente funcionan los propósitos de año nuevo? Una alternativa…

Hace muchos años, empecé a tocar la guitarra.

Era parte de mi rebeldía adolescente.

Hacerme estrella de rock era parte de mi plan para evitar tener un trabajo “normal”. Y además, pensaba que podía ofender a mucha gente de paso. Conseguir el dinero y la fama. Conocer a chicas.

¿Por qué no?

Supongo que tenía como 14 años cuando empecé a tocar, y todavía me acuerdo de mi primera clase. Mi madre me llevó a la tienda de instrumentos musicales en nuestra camioneta. De cierta forma era cómplice en mi rebeldía.

Ahí en una pequeña habitación detrás de la tienda, el profesor me dio un cuaderno y dijo, “¿Tienes 20 minutos al día para practicar? Apunta aquí en la primera página cuánto estás practicando todos los días. Que si no practicas, no aprenderás nada.”

Buen profesor.

Seguí sus consejos. Tuve que comenzar con los acordes. Luego unas canciones muy sencillas con 3 o 4 acordes cada uno.

Blowin’ in the Wind de Bob Dylan y cosas así.

Luego aprende a tocar escalas y, luego cosas más complicadas.

Con la práctica diaria avanzaba, poco a poco.

Y dentro de un par de años ya tocaba bien – podía imitar las canciones de Led Zeppelin y Jimi Hendrix, escribí algunas canciones propias para mi grupo de punk, y me lo pasé fenomenal dando unos conciertos por ahí en mi ciudad de Phoenix, Arizona.

Luego me fui a la universidad y de repente no tenía tiempo de practicar.

Dejé de tocar durante varios años.

Pero de esta situación, saqué una gran lección… el hábito es más importante que el propósito.

Todo aquello nunca habría pasado sin los 20 minutos al día para comenzar.

Y claro, eso también se aplica al inglés.

¿Realmente funcionan los propósitos de año nuevo?

Escribo eso a principios de enero.

Empezamos otro año nuevo: el 2021.

Y me he dado cuenta…

Muchas personas, cada año, repiten la misma historia: Se hacen una lista de propósitos de año nuevo.

Este año voy a aprender inglés, dejar de fumar, bajar 5 kilos, etc.

En mi trabajo de profesor de inglés, vi aparecer a mucha gente en la academia gente cada enero y febrero. Los mejores estudiantes se quedaban hasta finales de junio y volvían al año siguiente.

Pero muchos desaparecían después de 3 o 4 clases.

(A veces reaparecían al año siguiente para hacer lo mismo.)

No avanzaban. Porque para aprender un idioma, resulta que hace falta también la constancia.

Tenían un propósito pero fallaba su sistema.

Luego, muchas personas se frustran con todo el tema. Dicen “Eso de tener propósitos no funciona. Lo he probado, y mira… No he conseguido nada.”

Pero lo que pasa es que no estaban entregados al proceso.

propósitos de año nuevo y aprender inglés
En Irlanda, en los Cliffs of Moher. ¡Un lugar maravilloso!

No tenían un sistema, y no desarrollaron el hábito de aprender un poco todos los días.

Un sistema en lugar de un objetivo

El problema con los objetivos es que normalmente son muy lejanos.

Un objetivo grande puede incluso desanimarte – si no sabes cómo llegar de aquí hasta ahí, o si te parece inalcanzable ahora, no estarás motivado para hacer el trabajo.

Por eso, recomiendo hacer un plan de acción – algo muy sencillo. Unos pasos pequeños que puedes dar hoy, mañana y pasado mañana…

Que con el tiempo te llevarán en la dirección correcta.

“Este año voy a aprender inglés” es un propósito – y bastante ambiguo por cierto. ¿Qué significa, realmente “aprender inglés”? ¿Cómo sabrás cuando has llegado?

En cambio, un sistema sería leer un artículo al día en inglés, o un libro al mes, o apuntarte a mi curso online y hacer un par de lecciones por semana.

Un sistema sería pasar 20 minutos al día escuchando algo en inglés – mi podcast, por ejemplo – o memorizar 7 palabras nuevas al día.

Lo importante es crear un hábito para ir en la dirección correcta “sin esfuerzo”.

Con un idioma, igual que cuando tocaba la guitarra, la práctica diaria es lo que te hace mejorar. Mejor que un gran esfuerzo, muchos esfuerzos pequeños.

Por supuesto que no estoy diciendo que deberías abandonar los objetivos – los objetivos SMART han sido de gran utilidad para mi y lo serán para ti también.

Aclarar tus objetivos te ayuda a crear un sistema – si no sabes adónde quieres llegar, cualquier camino te vale.

Pero detrás de los objetivos, necesitas un sistema: una serie de hábitos que te llevarán en la dirección correcta.

“Este año voy a ponerme en forma…”

Hoy en día estoy algo obsesionado con el fitness.

Pero reconozco que “estar en forma” es un objetivo muy ambiguo.

A no ser que seas mi profesor de boxeo…

Si tuviera abdominales así no llevaría camiseta nunca.

En vez de decirme “quiero estar en forma” he creado un sistema – entreno algunos ejercicios básicos 3 o 4 días por semana. Los sábados, voy y hago boxeo en la playa de la Barceloneta.

Intento comer una dieta razonablemente sana, y dormir mis 7 u 8 horas por la noche.

Y lo bueno de tener un sistema es que cada vez que aplicas el sistema, es un éxito.

Un objetivo al largo plazo no te da este gusto – muchas veces tardas meses (o años) en conseguirlo – y mientras tanto tienes mucho tiempo de frustrarte.

Pero con mi forma de entrenar, cada vez que pongo las zapatillas para ir al parque puedo decir “misión cumplida”.

No tengo un gran objetivo con el fitness, realmente.

Solo estar más en forma para sentirme mejor y estar más sano.

En fin…

Debería reconocer que aprendí eso de los sistemas en lugar de objetivos del libro de Scott Adams, Cómo fracasar en casi todo y aún así triunfar.

Yo lo leí en inglés, pero está traducido al español también.

El libro es muy bueno y tiene muchas lecciones importantes sobre el éxito y el fracaso, además de historias de la vida de Adams, el creador de la tira cómica Dilbert.

Es uno de los mejores libros sobre estos temas que he leído nunca, y lo recomiendo mucho.

(Leer en inglés siempre viene bien, además.)

Pero te dejo con una pregunta, para este año nuevo de 2021.

¿Cuáles son tus propósitos de año nuevo?

O aún mejor – ¿Cuál es tu sistema?

¿Cuáles son los pequeños pasos que puedes dar todos los días para conseguir lo que quieres?

Déjame un comentario aquí mismo. ¡Gracias!

Y buen aprendizaje,

Daniel.

P.D. No llegué a ser estrella de rock. Pero sigo sin tener un trabajo normal, y puedo ofender a gente en YouTube o aquí en el blog cuando me da la gana. Así que de cierta forma he cumplido también con mis sueños de adolescente rebelde. Solo me falta lo de dinero, fama y chicas 🙂

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